157. doce
Temblabas porque la temperatura de tu cuerpo quiso coincidir con la de tu padre.
Te fuiste el lunes. Bajé con Elvis a abrirte la puerta y nos quedamos quietos mirando cómo el auto se tragaba la calle rumbo al aeropuerto. Después subí. Crucé la puerta de casa y lloré. Lloré de una forma desordenada, animal. Lloré hasta las seis de la mañana y entonces llamé a mamá que seguro ya estaba despierta y sí. Le dije que tu papá falleció lejos, muy lejos y que vos habías tenido que irte con un muerto atravesado en la garganta y mamá, tengo miedo que le pase algo, no sabes como estaba, no lo dejaron ni llorar tranquilo.
Contemos entonces doce días sin vos.
Doce días de pocas noticias, porque la señal se cortaba, porque no pudiste detenerte ni una sola vez, porque había que ver a tu mamá y a tu prima y al forense y llamar a tus hermanos y también hablar con las funerarias y me dijiste que qué horror esto, parece que estuviera subastando a mi viejo.
El día del entierro me mandaste una foto poniendo tu mano sobre la suya. Se veía el decenario que te guardé en el bolsillo del pantalón mientras te cambiabas, porque tenía miedo que vos también te me fueras a morir. La borré, porque me recordó a mi abuelo en su cajón. Pero a él no se le veían las manos, sólo su rostro picudo asomaba entre los bordados blancos y las flores, como si el resto del cuerpo ya se estuviese hundiendo en otra cosa.
Estoy escribiendo esto mientras vos estás en el avión. Quería contarte cómo fueron mis días sin vos andando por la casa, pero creo que no me acuerdo. Se volvieron una niebla espesa en el momento que supe que tenías que irte y sólo sacaste un pasaje de ida.
Fuí un fantasma al principio. Falté a todo lo que pude faltar. No me presenté al examen para el que estudié todo el fin de semana y por el que incluso me fastidié con vos, porque hablabas mientras yo intentaba leer. Después sí fui al siguiente, porque mis amigas de la facultad me arrastraron un poco de vuelta al mundo.
Hice amistades, o algo parecido, no sé. Hablé con muchas personas. Ayudé también, porque mi carrera se basa en eso y no vivo si no puedo poner mi mano sobre la mano de alguien.
Cuidé de tus plantas mientras no estabas. Meticulosamente revisé cada una, todos los días, para que las veas lindas, muy lindas al volver y me digas preciosa qué lindas están las plantas y yo te diga sí, es que las cuidé tocando cada hoja como si fueran tus dedos.
Muchas veces me recosté sobre tu pecho y te dije que tenía miedo. Vos siempre me preguntabas a qué, y yo nunca sabía responderte.
Tengo miedo de que te fundas con la tierra cuando vuelvas.
Compré comida casi todos los días. Una vez al día, porque para mí los mediodías se llenan con café con leche. Sí cociné para Elvis, que te esperó cada tarde cuando oía el ascensor, hasta que entendió que el paseo no iba a ocurrir. También cuidé de nuestros pájaros, pero les hablé poco porque el silencio me hizo un nido.
Dejé de escuchar música al llegar a casa porque, como vos no estabas para hacer las cosas más livianas, el ruido del día, de la calle, del tren, me reventaba la cabeza, y sentía que si no tenía aunque fuera un momento de silencio la noche iba a jalarme de una pierna hacia su interior.
Eso. Sin vos acá las noches no me alcanzan.
Es como si al cerrar la puerta empezara una carrera contra mí misma. Y de pronto son las dos de la mañana y todavía no cambié las sábanas y el colchón está desnudo y tengo frío en los pies y me duele la espalda y pienso qué paja estar viva cuando una está tan cansada.
No me gustan las noches acá cuando vos no estás. Cierro con llave y con traba. Dejo luces prendidas. Dejo a Elvis dormir sobre mis piernas. Puedo escucharte decir que me preocupo demasiado pero entendeme, no sé qué hacer con tanta casa cuando no estás.
Miro el reloj, llegaras en dos horas, tal vez. El reloj no me revela qué va a pasar después. No sé si esperar tu cansancio, o la ropa que vas a dejar en el cesto, o el sonido de los borcegos contra el suelo, o tu cara cuando entres y descubras que sobrevivímos pero que empezamos a juntar muertos.
Igual dejo las luces encendidas y espero.
Toco las hojas como las yemas de tus dedos.
D.
