180. intercesión
y en el abismo me encontraré y en la caída te nombraré Quince años después, Jorge y yo nos encontramos parados frente a una estatua de San José, cada uno sumido en su propia meditación. Le dije a Jorge que a San José se le pide trabajo, pero que, si tenés problemas de amor, tenés que hablar con San Antonio de Padua. No oramos, pero nos mantuvimos en silencio. Yo prometía internamente que volvería a la iglesia para pedirle una gracia a San José. Jorge se tocó el corazón y después extendió la mano hacia el santo. Tengo que cambiar el rumbo de mi vida y no puedo hacerlo sola. Le prendo una velita a Padua y le hago una novena a la Virgen Desatanudos. Pongo una estatuilla de San Judas en mi repisa y dejo la estampita de San Cupertino en mi escritorio. No le pido directamente a Dios porque me avergüenzo de mí misma. Quisiera vaciar mi cuerpo y sacarme el alma. Limpiarla de todo lo malo que hay dentro de mí y darle un soplo de vida nueva. No me gusta verme al espejo. Siento que mi cara es muy...