163. juventud
Lo único que quería era ignorar que estaba viva, morir sin morir, atravesar los días sin que nada ni nadie notara mi presencia, pero sobre todo, sin que nada se convirtiera en un estímulo capaz de desencadenar ese dolor que vivía agazapado en mí. La psicóloga me preguntó si estoy mejor con Julio. La última sesión me la pasé hablando sobre los "chistes" que él hace (a mí, sobre mí, para nadie) y la violencia implícita que tienen. Le hice un gesto algo vago, un "mejor no hablemos", porque estoy podrida de dedicar todas mis sesiones a hablar de mi relación rota, agujereada, desgarrada. Le conté, en cambio, la mala pasada que tuve rindiendo Conceptos. En la devolución del parcial, entre los típicos y sensatos comentarios de "tenés que reforzar más acá", "fijate de leer la bibliografía complementaria", el profesor me tiró: "Ya no tenés diecinueve años como para responder así". No. Tengo treinta y uno, vengo pasando un año de mierda y tu ...