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Mostrando entradas de abril, 2026

156. patriarca

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And my life is set around you now Tangled up the same And I'll be the one who calls your name Se cumple un mes del fallecimiento de mi abuelo, a quien conocí más bien hacia el final de su vida. Hay algo inquietante en llegar tarde a una vida. Uno recoge gestos, fragmentos, silencios, como si todo lo esencial ya hubiera ocurrido en otro tiempo, en otra versión de ese mismo ser. Y entonces la pregunta aparece, inevitable, sin una respuesta que alcance: ¿quién es aquel que tengo frente a mí? ¿Es el mismo que fue, o apenas una sombra detenida en el cuerpo que permanece? ¿Quién es ese hombre que mira un punto fijo desde su silla de ruedas, como si allí persistiera algo que nosotros ya no vemos? Me pregunto también quién fue antes de ese silencio. Qué hizo con todo lo que vivió. En qué momento eligió guardarlo. Desde entonces, no dejo de pensar en ese borde extraño donde todo parece terminar. En ese instante en que ya no hay más nada (o en el que creemos que ya no lo hay). Y dudo. Dudo d...

155. coronel

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Tengo la mirada de ansiedad vacía Ya no hay alegría donde voy Muchas cosas por hacer. Me compré un cuaderno donde anoto todo para que nada se me pase, y le digo a Flor que por más colores y dibujos que le ponga sigo estando triste. Desde que falleció mi abuelo no dejo de pensar en mi propia muerte. Es más, desde que él murió no puedo escribir. Tomo mi diario, el que tengo al lado de la mesa, y desde el 18 de marzo las páginas están vacías.  Me llevé de la casa de mi abuela un soldado de plomo. Un granadero, mejor dicho. Lo compré en una feria hace diez años y se lo regalé a mi abuelo. Nunca tuvimos una relación cercana, pero ese objeto le gustó. Lo guardó con un respeto particular que todavía recuerdo. Entonces me lo llevé, el fin de semana pasado. No sé qué otras cosas se habrán llevado los demás. No sé qué queda de una persona cuando todos empiezan a repartir sus restos. Camino por la calle y pienso en lo absurdo de algunas cosas. No de todo. Amar nunca es absurdo. Besé el rostro...