164. sed
Pasión y ley
Difícil mezcla
Agua y sed
Serio problema
Ok, aunque me cueste escribir, voy a intentarlo. A ver si así despejo un poco la cabeza. Estoy pensando en comprarme un cuaderno para poder escribir cuando quiera. Tener la computadora en el living no me resulta cómodo y ya casi nunca encuentro un espacio que sea realmente para mí.
Ayer tomé un café con Jorge y le dije lo mismo de siempre:
—Necesito un cambio.
—Desde marzo me decís que necesitás un cambio.
Tiene razón. El problema es que no sé cuál. No sé qué necesito para salir de este malvivir.
Me dijo, en chiste:
—Tomá tus objetivos y desechalos por unos nuevos.
¿Mis objetivos...? ¿Cuáles son?
Ni siquiera me vislumbro recibida. Tampoco me veo formando una familia y, si soy sincera, no creo que quiera hacerlo.
No puedo desechar algo que ni siquiera existe. Entonces, ¿qué quiero?
Ver el mar. Eso me encantaría. Hace seis años que no veo el mar. Y creo que sí puedo hacer algo al respecto. Juntar un poco de plata y mandarme. Esperar a que haga un poco más de calor y listo. Dos días, aunque sea. Sentir el agua entre los dedos de los pies mientras se hunden en la arena.
Me gustaría escribir una novela. Había empezado una a principio de año, pero Julio... bueno, lo dejo así.
Ayer estuve releyendo algunas páginas y siento que podría hacer algo con eso. Lo único es que no sé qué historia quiero contar. Me fue fácil escribir cuando estaba tan triste que pensé que no iba a recuperarme jamás. Es bueno ya no estar ahí. Pero ahora me siento hueca y no sé desde dónde escribir.
¿Qué historia quiero contar?
Bueno, eso sí es algo con lo que puedo trabajar. Pensarlo un poco, comprarme ese cuaderno y tratar de armar algo mientras miro pasar los autos desde un café.
¿Qué más? Ya se me pasó el mambo de dejar de comer. Sí me gustaría comer más sano. Más fruta. Volver a cocinar.
Me siento muy desganada y ni siquiera estoy yendo al supermercado. Hoy podría hacer algo. Guardo varias recetas en Instagram y cada tanto pruebo alguna. No me resulta fácil comer bien, pero tengo la suerte de poder comprar comida variada y debería aprovecharlo. Recuerdo los meses que pasé a puro fideo cuando vivía con Robinson. O cuando con mamá estábamos en Jorge Newbery y no comimos carne durante vaya uno a saber cuánto tiempo.
¿Qué más?
Leer. Leer mucho. Muchísimo. Leer todo lo que pueda mientras tenga ojos y un corazón que siga bombeando sangre.
Y dejar el teléfono.
Me pasé estas últimas semanas viendo boludeces sin parar y no me aporta absolutamente nada. Es más, me desconozco. Entro a leer comentarios y termino peleándome con desconocidos.
Basta de eso.
Voy a hacer una lista con los libros pendientes que ya tengo en casa y arrancar por ahí. Los otros pueden esperar.
Aunque sí me gustaría leer Siddhartha, de Hesse, y algún otro de los que fui guardando, esos que hablan de qué hacer cuando uno no sabe qué carajo hacer con la vida.
¿Y la universidad? ¿Y el trabajo?
Con lo primero me pasa algo que me da mucha culpa: estoy harta de enfermería.
Ya probé. Estudié dos años. Fui a hospitales. Bañé personas, ayudé, escuché, curé.
No quiero volver a hacerlo ahora.
Por un lado, la obligación tira. Siento que estoy siendo una irresponsable de mierda. Pero también soy infeliz.
Ese es el núcleo de todo.
Soy infeliz. Y todavía no se me ocurre cómo cambiar eso.
Me anoté en algunas materias de Historia porque recuerdo el año pasado y lo bien que la pasé. A mí me gusta la historia. No sé si me servirá para algo o no, pero tampoco quiero vivir sintiéndome para el orto en una carrera donde todos los días escucho: "No van a ganar mucho", "está muy desprestigiada".
Loco, basta.
Por ahí más adelante retomo Enfermería. O no. Pero puedo encontrar otras maneras de ayudar al prójimo.
Y hasta debería empezar por ayudar a mi vieja, que es quien más me necesita.
En cuanto al trabajo, hice un CV nuevo, orientado a librerías. Me gustaría trabajar en una, si consigo. Igual eso sí está difícil, la situación del país es un desastre. Kath me hizo notar que ya ni hay carteles de "Se busca empleado" en las vidrieras. Incluso mandé varios mails y no recibí una sola respuesta.
Pero puedo seguir intentando.
Ah... lo espiritual.
También.
No estuve yendo mucho a la iglesia y eso lo tengo que cambiar. Fue el bastión más fuerte que tuve este año para no rajarme un tiro. Qué importa lo demás.
Hoy, si salgo, podría pasar un rato. Y la semana que viene volver a misa. Este domingo no, porque es la final del Mundial y no hay bondis. Pero sí me gustaría volver a la San Judas.
Hay gente que le pide al universo.
Creo que eso es todo lo que se me ocurre por ahora, no es poco igual.
Quiero: Ver el mar. Escribir un libro. Comer mejor. Leer. Aprender historia. Conseguir un trabajo que me interese. Ayudar a mamá. Cuidar mi espíritu.
Entonces, ¿por dónde empiezo?
No me gusta hacer planificaciones demasiado extensas. Lo hacía a los veinte y sólo conseguía ansiedad. Después dejaba todo a la mierda.
Nutrirse. Cuerpo y espíritu.
Comer sano e ir a misa tiene que ser lo primero.
Puedo dedicarle más tiempo a mamá. Siempre encuentro un rato para leer; también puedo encontrarlo para escribir. Estudiar algo que me interese. Conseguir trabajo. Juntar plata e irme a la costa.
Necesito ordenarme.
Y empezar a vivir para mí.
D.
