165. reconciliación
Me ha venido a buscar el sueño,
me ha encontrado de luna nueva.
Me ha venido a buscar la noche,
en los soles de un nuevo día.
Entre tanto, dejé pasar el tiempo y quedé inscripta sólo a las materias de Historia. Me había anotado a principio de mes con la idea de revisar el sistema después y, bueno, nunca lo hice. Le di muchas vueltas al asunto de Enfermería y ayer, cuando entré para ver si todavía podía anotarme a alguna materia, descubrí que me aliviaba profundamente no poder hacerlo.
Empecé a escribir. Cuando termine esta entrada voy a seguir con la novela. Tengo que encarar el proyecto por lo que realmente es: escribir para mí. Si empiezo a fantasear con que tengo que escribir el próximo best seller del New York Times, no voy a terminar haciendo nada.
También me compré el cuaderno. Recién estos días, cuando pude volver a salir de casa, fui a un par de cafés y me senté a escribir. Tengo que reconocer que es agradable (y, en cierto modo, un lujo) poder regalarme esos espacios. Me hacen bien. Siento que hacía mucho no tenía un lugar donde pensar sin que nadie me interrumpiera.
Voy a aprovechar que ahora seguro salen más baratas y comprarme una agenda chica. Me va a servir para visualizar mejor las semanas. O quizás la arme yo con algún cuaderno viejo. Todavía no sé.
Empecé también a ocuparme de las cosas de mamá. Me viene reclamando bastante y mi hermano anda medio nervioso. No me gusta abrir WhatsApp porque siempre me espera una montaña de mensajes y eso me abruma. Pero no hay mucho misterio.
Hay que hacer.
Me alegra, eso sí, volver a cursar. Estas semanas me la pasé encerrada por la gripe y necesito salir, moverme, leer, escuchar una clase. Ni siquiera pude leer mientras estuve enferma; el dolor de cabeza no me dejaba.
Pienso que todavía puedo hacer de estos meses algo bueno, no hace falta que sean extraordinarios.
Me alcanza con empezar a llevarme mejor con la mujer que me devuelve la mirada desde el espejo.
D.
