167. torcedura
Quiero que conozcas la verdad sobre los días impares
Tus pequeñas dudas, podrían volverse gigantes
Menos mal que existes y no tengo que imaginarte
Tengo el corazón hecho un ancla que me jala hacia abajo. Entre todos mis deseos (escribir, recibirme, ir al mar) hay uno primordial: estar tranquila. Por supuesto que no podemos escapar de las torceduras de la vida, pero quisiera no tener el sistema nervioso al palo. Quisiera no tener que tomarme un clonazepam cada vez que hablo con mi novio.
Quisiera ya no tener novio.
Los días con Julio son imposibles y se me hace un nudo adentro cada vez que junto el coraje para decirle que me quiero separar, pero entonces veo su rostro. Esos ojos árabes en los que, detrás, se esconde un niño que se aferra a mí.
Quisiera fundirme en un abrazo con él.
Pero Julio ni siquiera viene a la cama.
Yo.

