175. sufrir

Odiándonos sol a sol, revolviendo más
En los restos de un amor
Con un camino recto
A la desesperación

No estuvo bien lo que me dijiste.

Estos días me dijiste muchas cosas que después te fue conveniente olvidar. No te gusta que te las recuerde y tenés la malicia de hacerme sentir loca, de hacerme creer que es mi memoria la que está mal o, si estoy muy acertada, que en realidad malinterpreto las cosas.

No entiendo, me cuesta, me tomo todo personal, soy difícil,  confundida. Hablás de lo mucho que te cuesta comunicarte conmigo, pero no sabés escucharme.

Te enojás cuando te hablo. No te gusta que te diga cómo me siento porque te-estoy-haciendo-un-reclamo. Un reclamo es un pedido de una solución directa, surge cuando hay una diferencia entre lo prometido y lo que se recibe realmente. No te hago reclamos porque en primer lugar, vos no me haces promesas.

¿Qué te jode tanto, Julio? ¿Pensás que tenés que resolver todos mis problemas y por eso te sacude mi dolor?

Me faltan palabras para describir cómo te ves cuando empezás a llenarte de enojo, de indignación. A vos te sobran para describirme a mí.

A veces creo que encontrás un placer extraño en las cosas que me decís. Ves que sos caprichosa. Yo percibo las cosas. Veo en tu cara que algo te molesta.

Pero tenés ojos y no ves.

Tenés oídos y no escuchás.

En tu enojo me admitiste que jamás me juntarías con tu mejor amiga porque eso te ahorraría problemas. El problema, claro, viene de mi parte.
No creo que lo tengas del otro lado. ¿O sí?

Fui yo quien la llamó cuando murió tu padre. No arrancaría a una persona de tu vida, pero sí te apartaría a vos, lejos, muy lejos, para no tener que oír nuevamente lo harto que estás.

Es agotador hablar con vos. Siempre me vacía un poco.

A veces tengo ganas de hacerme un tajo en el pecho para sacar todo lo que queda dentro. Lo pondría sobre tus manos y te diría: ya está.

Quisiera irme a otro país y aprender un idioma extraño, distinto. Tal vez así puedas entenderme.

O tal vez así pueda yo desaprender el español y no comprender, no tener idea de lo que me decís. Quitarle a tus palabras la capacidad de herirme.

Me preguntás constantemente, incansablemente, por qué sufro.

Podemos tener la pelea más horrible y, aun así, vas a preguntarme por qué sufro.

Pero ¿por qué sufrís vos?
¿Qué hay detrás de tanto enojo?
¿Qué necesitás desentrañar de mí para entenderte a vos mismo?

D.