174. vos

Well, was I supposed to wait for you sweetheart?
And hide away the shame, yes I keep it all inside


Es la primera vez en varios días que tengo un tiempo para mí, una tregua durante esta mañana de lluvia. Me tomo un rato para escribir y después seguiré leyendo los textos de la facultad. Espero que por la tarde haya una tormenta de la reputísima madre, así tengo una excusa para no salir de casa.

Es un tanto curioso, porque fantaseo con irme todo el tiempo, pero también tengo raíces profundas en este suelo salado.

A pesar de todo, no me rendí. Hice los trabajos que tenía pendientes y trato de mantenerme al día con los textos. En noviembre quiero buscar trabajo. Me gustaría entrar a una librería, aunque mis últimos intentos no fueron acertados.

Pensé en mudarme durante este último tiempo. Fantaseo mucho con un espacio silencioso, pocos muebles, un colchón mullido, un escritorio al lado de una ventana. Debería leer Un cuarto propio. Es probable que la biblioteca de la facultad tenga una edición.

Creo que todos somos una suma de contradicciones. Creo que todos tenemos un nudo en el centro del pecho que a veces conseguimos aflojar y otras veces presiona tanto que duele. Todos estamos un poco enojados.

Todavía no tuve la fortuna de ver el mar.

En una pelea que tuvimos hace poco, Julio me dijo que hay algo malo dentro de mí. No recuerdo si usó esa palabra exacta y, si lee esto, probablemente se molestaría, porque él, aunque no lo note, es partidario de la literalidad. Pero se refería a eso. Algo malo, dañado, un problema en el centro de mi ser que a él no le corresponde solucionar. Y es verdad.

Comencé a escribir. En realidad, hace un tiempo vengo escribiendo, intentando darle forma a una novela. Pero cuando digo que comencé a escribir me refiero a que comencé a escribir sobre Leo. A Leo, mejor dicho.
No hablamos hace años, ocho o nueve, a excepción de breves interludios. En realidad, escribir es para mí una forma de entender, y Leo solo es el remitente fantasmagórico que elegí. Le estoy contando todo lo que viví después de él. 

Los días que siguieron.

Me di cuenta de lo difícil que es narrar tanto dolor. Más de una vez, por la noche, me descubro llorando frente al monitor.

De hecho, este blog existe por él. La primera entrada fue una manera de romper el silencio entre nosotros. Un diálogo unilateral, porque él jamás respondería.

Con suerte, espero, me libraré de este espectro.Tal vez tenga la fortuna de sanar aquello tan malo dentro de mí cuando consiga ponerle un punto final.

Puede que escribir sea otra forma de llorarte.

D.