103. quehacer

Arráncame la vida Y si acaso te hiere el dolor Ha de ser de no verme Porque al fin tus ojos Me los llevo yo. El perro puede esperar. No lo supe hasta hace poco. Durante meses me apuraba a sacarlo a contranatura de su sueño y el mío. Me apresuraba, temiendo cruzarnos con otros perros, preocupada por si aguantaba demasiado. Me imaginaba su incomodidad como si fuera la mía y saltaba de la cama para echarnos a la calle, aún medio dormidos. Pero después del episodio en donde él casi muerde a un Jack Russell porque yo iba medio dormida, comencé a desayunar y a hacer las cosas con parsimonía antes de nuestro paseo. Él espera a mi lado, sin ruido ni pena. En esa pausa los pensamientos encuentran su forma. Puedo seguirlos hasta convertirlos en palabras, unirlos entre sí y armar una lírica en mi cabeza. Quise escribir estos días, pero Vinicio se despierta justo cuando creo haber encontrado la ocasión. Y escribir es algo que sólo puedo hacer en absoluta privacidad. El mundo sigue su curso. M...